La sexualidad es uno de los ámbitos esenciales de la vida adulta. Las mujeres estamos viviendo en el mejor momento de la historia para desarrollarnos, crecer, decidir y disfrutar. En todos los ámbitos gozamos de los frutos de la lucha que valientes mujeres dieron por nuestros derechos y la mayoría estamos conscientes en que no debemos bajar la guardia.

Por: Dr. Gustavo Nazik Cadena Alfaro, Ginecólogo y Obstetra.

Nuestro derecho a una vida sexual plena, en la que disfrutemos y podamos decidir sobre lo que queremos hacer es hoy una realidad. Sin embargo, los tabúes de antaño prevalecen, impidiéndonos conocer cómo reacciona nuestro cuerpo a los diferentes estímulos y liberarnos de los prejuicios que no nos dejan disfrutar plenamente de nuestro cuerpo y del de nuestra pareja.

Aquí algunas recomendaciones para mantener relaciones sexuales plenas:

Ámate.

Eleva tu autoestima, tu pareja lo notará. Una mujer segura de sí misma es de lo más sexy. Cuando te veas en el espejo no te enfoques en ese punto de celulitis, en esa grasita de más, en esos pechos que miran hacia abajo. Mírate completa, sonríe y observa cómo se iluminan tus ojos expresivos. Eres una mujer perfecta. Tu cuerpo que puede dar vida, no eres un maniquí de revista. Gústate, las imperfecciones te hacen perfecta.

Cuida tu salud.

Un cuerpo agotado, enfermo o adolorido no puede moverse con agilidad ni disfrutar del sexo plenamente. Mantente saludable y en un peso adecuado. Come bien y haz ejercicio, así preparas el terreno para una vida sexual sana.

Tócate, conócete.

La masturbación es una manera muy eficaz y privada para saber lo que te gusta o te disgusta. Además te ayuda a descubrir qué es lo que necesitas para excitarte y disfrutar del camino al orgasmo. Libérate de las ataduras y siente tu cuerpo.

Comunícate con tu pareja.

Es indispensable que te sientas con la confianza y la libertad de decirle lo que te gusta y lo que te excita. Además, la comunicación favorece la intimidad y conexión a nivel emocional e intelectual, elementos del amor maduro. Y recuerda que no hay afrodisiaco más potente que el amor.

Juega y diviértete.

Recuerda que el sexo no es un acto solemne y serio donde las miradas se cruzan expresando deseo y amor infinito. El sexo es divertido, juguetón, coqueto, a veces un poco brusco, otras muy dulce.

Utiliza la imaginación. Intenta cosas nuevas; si no te gustan, siempre tienes la opción de no volver a practicarlas o de detenerte. Para esto es indispensable que releas el punto anterior de esta lista: comunicación, confianza e intimidad.

Tómate tu tiempo.

El coito no es la única opción sexual, prolonguen sus juegos eróticos y tárdense en llegar a la parte que los haga explotar. Un rapidín de vez en cuando es muy disfrutable, pero cuiden que no se vuelva habitual.

Libérate de los tabúes, déjate llevar.

No hay nada que limite más el disfrute sexual que el sentimiento de que se está haciendo algo malo, pecaminoso o prohibido. Déjate llevar por las sensaciones y por los instintos, nadie te va a juzgar si expresas tu deseo y excitación, al contrario, tu pareja va a estar encantado de verte tan libre y suelta. Inténtalo.

Deja de pensar y empieza a sentir.

Escucha a tu cuerpo, donde necesitas una caricia, pídela; donde sientes hormiguitas disfrútalas; en qué momento te gustaría un poco más de presión, arrastra tu mano hacia ahí y hazla. Olvídate de que hay que pagar el recibo de luz, de la lonjita que notaste hoy en la mañana, de que se te puede arruinar el manicure.

El sexo, además de ser una necesidad biológica, es una parte sustancial en una relación de pareja que favorece la unión, la intimidad, la complicidad, ayuda a resolver conflictos y a liberarse del estrés.